En Stalker (1979) los personajes hablan de un tal Dibrokaz, quien luego de salir de La Zona (que otorga los máximos deseos) gana muchísimo dinero y se suicida. Se parece a un cuento muy corto de Chejov: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a su casa y se suicida”. La película inventa un contexto para el cuento de Chejov: el suicida Dibrokaz no ha soportado la banalidad de su deseo.